¿Qué es la ansiedad?

Ansiedad terapia Gestalt

Ansiedad: un mensajero incómodo que vale la pena escuchar                                                            

La ansiedad es como ese vecino pesado que toca el timbre a deshoras. No lo esperas, no lo quieres, pero ahí está. En cuanto aparece, la reacción más común es tratar de echarlo lo antes posible: distracción, respiraciones aceleradas, tensión en el cuerpo y, si se puede, evitar todo aquello que nos la provoca. Pero, ¿y si en lugar de querer deshacernos de ella, intentamos escuchar lo que nos quiere decir?
Desde la Terapia Gestalt, la ansiedad no es solo un problema a eliminar, sino un mensaje que el cuerpo y la mente nos envían cuando algo dentro de nosotros necesita atención. No es un enemigo a combatir, sino un fenómeno que podemos explorar para comprendernos mejor. Vamos a ver por qué aparece y cómo podemos relacionarnos con ella de una forma diferente.

Ansiedad y excitación: dos caras de la misma moneda

Una de las perspectivas de la Terapia Gestalt sobre la ansiedad tiene que ver con la relación entre ansiedad y excitación.  Imagina que estás a punto de hacer algo importante: dar una charla, tener una cita, tomar una gran decisión. Antes de ese momento, el cuerpo se activa: el corazón late más rápido, las manos sudan, la respiración se acelera. Eso que llamamos «ansiedad» no es otra cosa que una excitación natural del organismo, una energía que quiere movilizarse.

El problema viene cuando esa excitación no encuentra su cauce. En vez de aprovechar esa energía para la acción, la bloqueamos. Imagina que tu cuerpo es un río: la excitación es el agua que fluye. Pero si ponemos una presa y no dejamos que el agua corra, la presión aumenta. Esa presión acumulada es lo que sentimos como ansiedad.

¿Por qué bloqueamos la excitación?

Hay muchas razones. A veces es el miedo al fracaso, otras el miedo al juicio de los demás. Otras veces nos enseñaron desde pequeños a «no hacer ruido», «no molestar», «no arriesgarse demasiado». Entonces, cuando sentimos esa excitación interna, en lugar de dejarla fluir en forma de acción, la reprimimos. Y ahí es cuando la ansiedad aparece, porque la energía no desaparece, solo se transforma en angustia, tensión o pensamientos repetitivos.

Entonces, ¿qué hacemos con la ansiedad?

  1. Reconocerla: en lugar de pelear contra ella, podemos observar cómo se manifiesta en nuestro cuerpo. ¿Dónde la sentimos? ¿En el pecho, el estómago, la garganta?
  2. Escucharla: en vez de taparla con distracciones, podemos preguntarnos: «¿Qué quiere decirme esta ansiedad?». A veces nos habla de un deseo no expresado, un miedo que no hemos enfrentado o una necesidad que hemos ignorado.
  3. Mover la energía: si la ansiedad es excitación bloqueada, podemos darle salida. Hablar, escribir, bailar, hacer ejercicio o simplemente respirar profundo y conscientemente pueden ayudar a desbloquear esa energía y permitir que fluya.
  4. Aceptar que está ahí: la ansiedad no es un monstruo que viene a destruirnos, es una señal de que algo dentro de nosotros necesita atención. Aceptarla sin lucha ya es un paso enorme para transformarla.